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Editorial
81º Campeonato Argentino Absoluto
Una cuestión de conveniencias...

Para la FADA, y para los dirigentes y ajedrecistas argentinos, a veces está bien aplicar el reglamento, y otras veces está mal. Pero al fin de cuentas, no es cuestión de que esté bien o mal cumplir el reglamento; la cuestión es si conviene o no cumplirlo. En el ajedrez argentino no hay ética, hay conveniencias.

El próximo miércoles 26 de abril dará inicio el 81º Campeonato Argentino Superior, jugándose la primera de las once rondas de este certamen que se extenderá hasta el día 6 de mayo de 2006. El evento se desarrollará en Potrero de los Funes, provincia de San Luis.
Los ajedrecistas que participarán son (por orden de sorteo): 1. IM Diego Flores (Elo 2494); 2. GM Daniel Cámpora (2552); 3. GM Pablo Ricardi (2515); 4. Hernán Perelman (2211); 5. Jacques Blit (2446); 6. GM Fernando Peralta (2524); 7. IM Guillermo Malbrán (2308); 8. FM Gustavo Mahia (2427); 9. WGM Claudia Amura (2368); 10. GM Rubén Felgaer (2580); y 11. IM Diego Valerga (2470). Por lo tanto: 11 participantes, 4 GMs, 3 IMs, 1 FM, 1 WGM, y 2 no titulados.

Como constituye un hecho recurrente, la FADA ha pasado una vez más por encima de las disposiciones reglamentarias. Por supuesto, constituye una notable alteración a la equidad del proceso clasificatorio para esta prueba, la inclusión de un jugador “a dedo” (Claudia Amura) por haber concedido la FADA esa prerrogativa a la entidad que le patrocina el certamen: el gobierno de San Luis. Pero también va contra el reglamento la inclusión de un 11º jugador. La FADA había establecido claramente que la Final era "...de diez finalistas que jugarán por sistema round robin, respetando los lineamientos que establece el reglamento general. Participarán: el último campeón argentino, los dos ajedrecistas argentinos con mayor Elo, según el listado vigente (los reemplazos se aceptarán hasta el octavo mejor Elo), los seis (6) semifinalistas mejor clasificados y un ajedrecista representante de la organización (cuyo Elo será igual o superior a 2200). Todas las plazas vacantes serán cubiertas por los siguientes clasificados en semifinales". Esta disposición pudo leerse durante todo el transcurso de la reciente Semifinal en Buenos Aires (y al momento de firmar este editorial, aún se podía leer en la web de la FADA). Pero, como se ve, la Federación Argentina no ha tenido el menor inconveniente en no aplicar su propia reglamentación, a fin de incluir un undécimo jugador, en este caso: Pablo Ricardi.
Seguramente muchos lectores comprenderán (e incluso se alegrarán) por la inclusión del varias veces campeón argentino y destacado representante olímpico: su presencia realza el torneo, le dá más categoría, y seguramente promoverá mayor lucha por los puestos de honor. Pero no es menos cierto que su inclusión es sencillamente: anti-reglamentaria.

Menos comprensible, y por ende más disonante, es la inclusión de Claudia Amura en el torneo. A este tema ya nos habíamos referido en crónicas anteriores.
La razón que la FADA da como argumento para incluír a la jugadora hace poco retornada a Merlo (San Luis) luego de vivir varios años en España, es que se trata del “mejor representante de la provincia de San Luis”, el gobierno que patrocina el evento. Pero el caso es que San Luis ni siquiera tenía actividad ajedrecística federada; y sólo a partir del Campeonato de la FIDE organizado el año pasado en Potrero de los Funes, fue creada "ad hoc" una asociación, y su primer torneo provincial fue jugado a fines del año pasado y principios del actual. Está claro, entonces, que la anti-reglamentaria inclusión de Claudia Amura en la 81ª Final Argentina, es simplemente una condición puesta por el organizador y patrocinante del evento: el gobierno que comanda Alberto Rodríguez Saá.

Por mi parte ya he expresado en esta misma columna, que me parece absolutamente disparatada la inclusión de Amura en la Final nacional argentina. La inclusión de un jugador entre los escasos 10 (ahora 11) que juegan por el máximo título nacional no debe depender del simple hecho de conseguir algunos miles de pesos como patrocinio del certamen, sino del cumplimiento de exigentes y equitativas etapas de clasificación para todos los aspirantes.
Es cierto que ha habido ocasiones en que han jugado la máxima prueba nacional grandes maestros del extranjero, con la razonable y justificada razón de dar al certamen normas internacionales. Pero -además de que eso es también anti-reglamentario- éste no es precisamente el caso. Amura no tiene nada que hacer en la Final Nacional Argentina, y no porque se trate de Amura específicamente, sino porque sería un participante advenedizo, sin derechos reales para poder jugar por el máximo título nacional. Nadie duda del talento y de la excelente trayectoria que en otros tiempos tuvo la jugadora argentina, hoy retornada a las competencias (alguna vez hasta llegó a ganar el Campeonato Metropolitano Absoluto), pero en este caso sus supuestos “derechos” son sólo los que otorga el dinero del patrocinio.
Claro que esta vez la FADA ha sido un poco más "prolija" que en otras oportunidades (dentro de un gran marco de desprolijidades), porque al mismo tiempo que se iniciaba la Semifinal, daba a conocer una modificación en la reglamentación del Campeonato, permitiendo que la entidad organizadora tuviera el derecho de incluir un representante. Está claro que esta nueva norma (“reglamentaria” pero también “irracional”) es un peligroso antecedente; y en esta misma columna ya pronostiqué que probablemente veremos durante los venideros años la Final Nacional en Córdoba, Mendoza, Salta, o Santa Cruz, y en ella un jugador local, con al menos un ránking de 2200 puntos (como lo establece la nueva norma de FADA), con tal que... se consiga el dinero suficiente para conseguir ser sede!...

¿Qué han dicho de estas dos inclusiones anti-reglamentarias los demás ajedrecistas argentinos afectados por estas disposiciones y que han quedado afuera de la Final?... Que yo sepa, no han dicho nada públicamente.
Desde que en NotiChess venimos denunciando estas irregularidades, hemos recibido opiniones de varios aficionados argentinos. Todas las opiniones recibidas están de acuerdo en la inequidad de lo dispuesto por FADA, pero también, con sorpresa de nuestra parte, todas las opiniones comparten una misma sensación de impotencia ante el hecho consumado. Hubo quien me escribió, diciéndome más o menos así: "...la FADA ha encontrado un nuevo filón en San Luis, y lo tiene que aprovechar, lo permita o no lo permita el reglamento...". Otro interlocutor, dirigente de un club de ajedrez del gran Buenos Aires, agregaba: "...los jugadores seguro que están que trinan, pero se callan la boca porque les conviene: ellos no saben cuando podrán beneficiarse también de alguna decisión anti-reglamentaria...".

Que yo sepa: nadie entre los jugadores argentinos (y no sólo los participantes en esta Final, sino también los otros, que jugaron la Semifinal y quedaron afuera), nadie ha dicho nada: ninguno de ellos ha protestado públicamente, ni ha reclamado nada, que yo sepa. Por ende, su silencio debe interpretarse como un tácito acuerdo con la decisión tomada por FADA. Ninguno de ellos ha dicho: "No, eso está mal". ¿Debo pensar entonces que el equivocado es quien firma este editorial?... No lo creo. Ya he dicho que recibí varios mensajes compartiendo mis puntos de vista. Y además, quiero recordar dos situaciones similares, una de 1982, y otra de 1994, ambas en sendas Finales Argentinas, y en ambas la FADA y los jugadores aunaron actitudes... claro que una vez en un sentido, y otra vez en otro, como veletas, girando al viento del oportunismo... Sin embargo, hubo alguna excepción...
Puede haber seguramente otros casos en el historial argentino, pero creo que es suficiente con mencionar los dos siguientes, para advertir la cambiante veleidad de FADA, de los demás dirigentes y de los jugadores profesionales.

En 1982 Cámpora dijo: "No".

Hace 24 años, en la primavera de 1982, se jugaba en la ciudad de La Plata, la Final del 56º Campeonato Argentino Superior. Por entonces yo vivía en la capital bonaerense, y estuve presente observando casi todas las rondas, que se jugaban en la Biblioteca Euforión. En aquella ocasión, una vez más la FADA había pasado por encima de las pautas reglamentarias que establecían la clasificación para este torneo, y había incluído a un jugador local, Carlos García Palermo, que no tenía derecho a jugarlo. La ciudad de La Plata, festejaba aquel año su Centenario, y pocos meses antes el ajedrecista platense había tenido destacada actuación en el Magistral de Mar del Plata, venciendo nada menos que a Anatoly Karpov. De modo que la junta directiva de la Federación Argentina de Ajedrez, resolvió que la prometedora figura local, participara en el máximo certamen nacional, aún cuando no se había clasificado, como todos los demás.
Ninguno de los participantes -que yo sepa- protestó por tal inclusión... Al fin de cuentas: ¡había que jugar en La Plata, hospedarse en La Plata, comer en La Plata, viajar en taxi en La Plata, y cobrar los premios en La Plata!..., no fuera cosa que... Y nadie dijo nada. Y el torneo comenzó.


La Plata, 1982: un grupo de participantes, durante la entrega de premios
del 56º Campeonato Argentino Absoluto. Entre otros: Jorge Gómez Baillo, Jorge Rubinetti,
Alfredo Roca, Luis Bronstein, Juan Carlos Hase, Guillermo Bianchi, Humberto Borghi,
y el último de la derecha: Carlos García Palermo (motivo de la polémica).

Tras la octava ronda, marchaban primeros Guillermo Bianchi y Juan Carlos Hase, con 5½ puntos, escoltados a media unidad por Claudio Amado, Jorge Rubinetti y... Cámpora. El domingo 19 de septiembre fue día libre para los participantes del torneo, y el lunes 20, el -por entonces- "enfant terrible" Daniel Cámpora, produjo una de sus habituales "jugadas inesperadas", que solían causar los más severos dolores de cabeza a dirigentes, organizadores y árbitros. No vale la pena aquí recordar todos los "plantones y golpes de puerta" de este ajedrecista argentino en su larga trayectoria, en Argentina y en el exterior. Los famosos desplantes de Cámpora siempre han sido difíciles de comprender y valorar, y siempre pendulantes en un confuso arco que iba desde el quijotismo al capricho, y desde lo revolucionario a la ridícula rebeldía juvenil. Claro que a sus 25 años ya estaba bastante crecidito para rebeldías adolescentes... Sin embargo, esta vez, su actitud parecía más comprensible y justificable al público espectador.
Ese lunes 20 de septiembre, Cámpora no se presentó a jugar su partida ante Carlos García Palermo, por la novena ronda. Soy testigo de haber visto a ambos jugadores conversar entre ellos, pero el nicoleño se retiró de la sala después, y cuando regresó ya había perdido por tiempo. Poco después trascendió que estaba en desacuerdo con la inclusión del jugador platense en el torneo.


Daniel Cámpora en la decisiva partida frente a Jorge Rubinetti,
por la Final del 56º Campeonato Argentino Absoluto, La Plata 1982.

El próximo sábado 29 de abril, a Cámpora le tocará jugar con blancas por la cuarta ronda de la Final Argentina, con Pablo Ricardi, y el viernes 5 de mayo, cuando se juegue la décima ronda en Potrero de los Funes, Daniel deberá jugar con blancas ante Claudia Amura. ¿Se presentará a jugar?... Supongo que sí, o mejor dicho: estoy seguro que sí, que se presentará. Es seguro que Cámpora no mire ya la vida de la misma manera a sus 48 años, que cuando tenía 25. Como reza el viejo dicho: "ciertos revolucionarios pasados los cuarenta huelen a perfume francés"...

Las situaciones son parangonables: similares en muchos aspectos, disímiles en otros. Se trata de un torneo de igual categoría que el de 1982: una Final Nacional, y clasificatoria para formar el equipo olímpico (aquella vez para la Olimpíada de Lucerna, en Suiza; esta vez, para la Olimpíada de Turín, en Italia). Aquella vez, un jugador "puesto a dedo" por la FADA y los organizadores platenses; esta vez, otro caso similar en que la FADA consigue el patrocinio para organizar el máximo torneo nacional en territorio de los Rodríguez Saá, a cambio de algunas concesiones, una de ellas, la inclusión (también "a dedo") de una jugadora local: Claudia Amura. Claro que también hay diferencias: en 1982, el jugador incluído anti-reglamentariamente era una de las máximas esperanzas nacionales, y como ya lo recordamos, estaba en el candelero tras haber batido meses antes nada menos que al vigente campeón mundial. Pero aquí, en el 2006, la situación es bien distinta: Amura, a sus 35 años, se encuentra prácticamente retirada de las competencias, aunque es loable su esfuerzo por intentar un "retorno" que, a juzgar por las pocas partidas de real compromiso que ha jugado, le está costando más de lo previsto. Ahora tiene una gran oportunidad para demostrar su real nivel. De todos modos, gane Claudia el torneo o salga última, eso no cambiará las cosas: habrá podido jugar esta Final Argentina sólo "entrando por la ventana".

En 1994, la FADA y los jugadores dijeron: "No".

A principios de febrero de 1994, la Final del 67º Campeonato Argentino generaba también una polémica parecida. El torneo debía iniciarse el viernes 11 de febrero, en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia de la ciudad de Rosario. Pero la primera ronda fue postergada para el día siguiente. Y la razón se debió a la presencia del GM Miguel Angel Quinteros, quien con anuencia de la Asociación Rosarina (organizadora del evento), y en su calidad de principal gestor para el auspicio del torneo, tenía toda la intención de jugarlo.
Pero ¿cuál fue, en aquél momento la decisión que tomó la FADA?... La Federación Argentina, luego de largas deliberaciones con los organizadores y los propios jugadores, y en acuerdo con ellos, dispuso la aplicación del reglamento, y Quinteros quedó afuera "por no haber participado en la etapa clasificatoria" expresó el comunicado de FADA.


Rosario, 1994: El GM Quinteros expone ante sus pares las razones
para reclamar su participación en la Final del 67º Campeonato Argentino Absoluto.
En el centro se lo ve a Pablo Ricardi: hoy protagonista de un hecho similar.

"Me sorprendió esta aplicación del reglamento; pensé que podía jugar y por eso estoy aquí. -dijo Quinteros a los medios- Creo que esto debe pensarse bien para el futuro. Otros muchachos, tal el caso de Alejandro Hoffman, primer rankeado en el orden internacional, quedó afuera. Sin desmedro de los que participan, pensé que contribuiría a engrandecer el certamen, pero los reglamentos exsten y habrá que acatarlos. Sin embargo, ya en 1992, en La Plata había participado un gran maestro paraguayo, quien tampoco tenía derecho a jugar el torneo argentino".
Las palabras de Quinteros son reveladoras: él se sintió "sorprendido" de que se aplicara el reglamento; por ende: pensaba que "lo normal" era que el reglamento no se aplicara. Su suposición se basaba en que los antecedentes indicaban que "lo normal" para la FADA era que no se aplicaran los reglamentos, citando el caso de 1992, en que había participado el GM paraguayo Zenón Franco (aunque olvidándose del caso de 1982, en que había participado García Palermo).
Ahora bien: las razones por las cuales la FADA aplicó en 1994 el reglamento en contra de su costumbre de no aplicarlo, quedan reservadas a quienes se atrevan a aventurarse a comprender (sin volverse locos en el intento) las "razones" de la FADA (y no sólo de la FADA, sino también de los organizadores locales y de los propios jugadores) que en ocasiones deciden una cosa, y en ocasiones otra. El caso fue que Quinteros decidió mantener el auspicio del torneo en Rosario, pero retirar su pretensión de jugarlo.

Nada de ética. Sólo conveniencias.

Es probable que los amigos lectores me critiquen de ingenuo al hacer planteos "éticos" en un ámbito en que sólo vigen las "conveniencias". Y tienen razón.
Pero me disculpo recordando que yo he sido el primero en esta columna en recalcar que en lo que se refiere al ámbito del ajedrez y de los ajedrecistas profesionales (en Argentina, y probablemente en todos lados) no existe la ética, sino la mera conveniencia. Sólo que este domingo se me ha dado por pensar en voz alta... y escribir lo que pienso.
¿Qué actitud ha sido más ética?... ¿La de Cámpora en 1982 cuando no se presentó a jugar ante García Palermo?, ¿O la de los demás jugadores que no tuvieron ningún problema ético en jugar contra el platense?... ¿Qué decisión de FADA ha sido más equitativa?... ¿La de 1994 impidiéndole jugar a Quinteros porque no se había clasificado?, ¿O la de 1982 permitiéndole jugar a García Palermo, tampoco clasificado, o ésta del 2006 permitiéndole jugar a Amura y Ricardi, sin haberse clasificado?... ¿Y cuál ha sido la correcta actitud ética de los jugadores? ¿La de 1994 aunándose con la decisión de FADA en Rosario, o la de 1982 en La Plata, o ésta del 2006 en San Luis?... En otras palabras: ¿Porqué hay ocasiones en que a FADA y a los jugadores les importa que se aplique el reglamento y en otras ocasiones no les importa?...
¡Pavadas!... Todo lo que huele a "ética" no tiene ningún sentido en el ámbito del ajedrez. Aquí rigen solamente las conveniencias: y ni siquiera las conveniencias corporativas, sino personales...

Tomen nota los entrenadores, monitores y profesores de ajedrez. No sea cosa que ilusionen a sus pupilos, niños y adolescentes, diciéndoles que en el ajedrez argentino se pueden esforzar, estudiando y jugando torneos, porque hay una "carrera por recorrer", hay "etapas clasificatorias" que trasponer, hay metas a lograr... Tengan cuidado: porque la desilusión y el hastío pueden ser muy grandes.

Julio Alberto González
Las Heras, Mendoza, 23.04.2006

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