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| Editorial 81º Campeonato Argentino Absoluto Una cuestión de conveniencias... Para la FADA, y para los dirigentes y ajedrecistas argentinos, a veces está bien aplicar el reglamento, y otras veces está mal. Pero al fin de cuentas, no es cuestión de que esté bien o mal cumplir el reglamento; la cuestión es si conviene o no cumplirlo. En el ajedrez argentino no hay ética, hay conveniencias. El
próximo miércoles 26 de abril dará inicio el 81º
Campeonato Argentino Superior, jugándose la primera de
las once rondas de este certamen que se extenderá hasta
el día 6 de mayo de 2006. El evento se desarrollará en
Potrero de los Funes, provincia de San Luis. Como
constituye un hecho recurrente, la FADA ha pasado una vez
más por encima de las disposiciones reglamentarias. Por
supuesto, constituye una notable alteración a la equidad
del proceso clasificatorio para esta prueba, la
inclusión de un jugador a dedo (Claudia
Amura) por haber concedido la FADA esa prerrogativa a la
entidad que le patrocina el certamen: el gobierno de San
Luis. Pero también va contra el reglamento la inclusión
de un 11º jugador. La FADA había establecido claramente
que la Final era "...de diez finalistas que
jugarán por sistema round robin, respetando los
lineamientos que establece el reglamento general.
Participarán: el último campeón argentino, los dos
ajedrecistas argentinos con mayor Elo, según el listado
vigente (los reemplazos se aceptarán hasta el octavo
mejor Elo), los seis (6) semifinalistas mejor
clasificados y un ajedrecista representante de la
organización (cuyo Elo será igual o superior a 2200).
Todas las plazas vacantes serán cubiertas por los
siguientes clasificados en semifinales". Esta
disposición pudo leerse durante todo el transcurso de la
reciente Semifinal en Buenos Aires (y al momento de
firmar este editorial, aún se podía leer en la web de
la FADA). Pero, como se ve, la Federación Argentina no
ha tenido el menor inconveniente en no aplicar su propia
reglamentación, a fin de incluir un undécimo jugador,
en este caso: Pablo Ricardi. Menos
comprensible, y por ende más disonante, es la inclusión
de Claudia Amura en el torneo. A este tema ya nos
habíamos referido en crónicas anteriores. Por
mi parte ya he expresado en esta misma columna, que me
parece absolutamente disparatada la inclusión de Amura
en la Final nacional argentina. La inclusión de un
jugador entre los escasos 10 (ahora 11) que juegan por el
máximo título nacional no debe depender del simple
hecho de conseguir algunos miles de pesos como patrocinio
del certamen, sino del cumplimiento de exigentes y
equitativas etapas de clasificación para todos los
aspirantes. ¿Qué
han dicho de estas dos inclusiones anti-reglamentarias
los demás ajedrecistas argentinos afectados por estas
disposiciones y que han quedado afuera de la Final?...
Que yo sepa, no han dicho nada públicamente. Que
yo sepa: nadie entre los jugadores argentinos (y no sólo
los participantes en esta Final, sino también los otros,
que jugaron la Semifinal y quedaron afuera), nadie ha
dicho nada: ninguno de ellos ha protestado públicamente,
ni ha reclamado nada, que yo sepa. Por ende, su silencio
debe interpretarse como un tácito acuerdo con la
decisión tomada por FADA. Ninguno de ellos ha dicho: "No,
eso está mal". ¿Debo pensar entonces que el
equivocado es quien firma este editorial?... No lo creo.
Ya he dicho que recibí varios mensajes compartiendo mis
puntos de vista. Y además, quiero recordar dos
situaciones similares, una de 1982, y otra de 1994, ambas
en sendas Finales Argentinas, y en ambas la FADA y los
jugadores aunaron actitudes... claro que una vez en un
sentido, y otra vez en otro, como veletas, girando al
viento del oportunismo... Sin embargo, hubo alguna
excepción... En 1982 Cámpora dijo: "No". Hace 24 años, en la primavera de 1982, se jugaba en
la ciudad de La Plata, la Final del 56º Campeonato
Argentino Superior. Por entonces yo vivía en la capital
bonaerense, y estuve presente observando casi todas las
rondas, que se jugaban en la Biblioteca Euforión. En
aquella ocasión, una vez más la FADA había pasado por
encima de las pautas reglamentarias que establecían la
clasificación para este torneo, y había incluído a un
jugador local, Carlos García Palermo, que no tenía
derecho a jugarlo. La ciudad de La Plata, festejaba aquel
año su Centenario, y pocos meses antes el ajedrecista
platense había tenido destacada actuación en el
Magistral de Mar del Plata, venciendo nada menos que a
Anatoly Karpov. De modo que la junta directiva de la
Federación Argentina de Ajedrez, resolvió que la
prometedora figura local, participara en el máximo
certamen nacional, aún cuando no se había clasificado,
como todos los demás.
Tras la octava ronda, marchaban primeros Guillermo
Bianchi y Juan Carlos Hase, con 5½ puntos, escoltados a
media unidad por Claudio Amado, Jorge Rubinetti y...
Cámpora. El domingo 19 de septiembre fue día libre para
los participantes del torneo, y el lunes 20, el -por
entonces- "enfant terrible" Daniel Cámpora,
produjo una de sus habituales "jugadas
inesperadas", que solían causar los más severos
dolores de cabeza a dirigentes, organizadores y
árbitros. No vale la pena aquí recordar todos los
"plantones y golpes de puerta" de este
ajedrecista argentino en su larga trayectoria, en
Argentina y en el exterior. Los famosos desplantes de
Cámpora siempre han sido difíciles de comprender y
valorar, y siempre pendulantes en un confuso arco que iba
desde el quijotismo al capricho, y desde lo
revolucionario a la ridícula rebeldía juvenil. Claro
que a sus 25 años ya estaba bastante crecidito para
rebeldías adolescentes... Sin embargo, esta vez, su
actitud parecía más comprensible y justificable al
público espectador.
El próximo sábado 29 de abril, a Cámpora le tocará jugar con blancas por la cuarta ronda de la Final Argentina, con Pablo Ricardi, y el viernes 5 de mayo, cuando se juegue la décima ronda en Potrero de los Funes, Daniel deberá jugar con blancas ante Claudia Amura. ¿Se presentará a jugar?... Supongo que sí, o mejor dicho: estoy seguro que sí, que se presentará. Es seguro que Cámpora no mire ya la vida de la misma manera a sus 48 años, que cuando tenía 25. Como reza el viejo dicho: "ciertos revolucionarios pasados los cuarenta huelen a perfume francés"... Las situaciones son parangonables: similares en muchos aspectos, disímiles en otros. Se trata de un torneo de igual categoría que el de 1982: una Final Nacional, y clasificatoria para formar el equipo olímpico (aquella vez para la Olimpíada de Lucerna, en Suiza; esta vez, para la Olimpíada de Turín, en Italia). Aquella vez, un jugador "puesto a dedo" por la FADA y los organizadores platenses; esta vez, otro caso similar en que la FADA consigue el patrocinio para organizar el máximo torneo nacional en territorio de los Rodríguez Saá, a cambio de algunas concesiones, una de ellas, la inclusión (también "a dedo") de una jugadora local: Claudia Amura. Claro que también hay diferencias: en 1982, el jugador incluído anti-reglamentariamente era una de las máximas esperanzas nacionales, y como ya lo recordamos, estaba en el candelero tras haber batido meses antes nada menos que al vigente campeón mundial. Pero aquí, en el 2006, la situación es bien distinta: Amura, a sus 35 años, se encuentra prácticamente retirada de las competencias, aunque es loable su esfuerzo por intentar un "retorno" que, a juzgar por las pocas partidas de real compromiso que ha jugado, le está costando más de lo previsto. Ahora tiene una gran oportunidad para demostrar su real nivel. De todos modos, gane Claudia el torneo o salga última, eso no cambiará las cosas: habrá podido jugar esta Final Argentina sólo "entrando por la ventana". En 1994, la FADA y los jugadores dijeron: "No". A principios de febrero de 1994, la Final del 67º
Campeonato Argentino generaba también una polémica
parecida. El torneo debía iniciarse el viernes 11 de
febrero, en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia de la
ciudad de Rosario. Pero la primera ronda fue postergada
para el día siguiente. Y la razón se debió a la
presencia del GM Miguel Angel Quinteros, quien con
anuencia de la Asociación Rosarina (organizadora del
evento), y en su calidad de principal gestor para el
auspicio del torneo, tenía toda la intención de
jugarlo.
"Me sorprendió esta aplicación del
reglamento; pensé que podía jugar y por eso estoy
aquí. -dijo Quinteros a los medios- Creo que
esto debe pensarse bien para el futuro. Otros muchachos,
tal el caso de Alejandro Hoffman, primer rankeado en el
orden internacional, quedó afuera. Sin desmedro de los
que participan, pensé que contribuiría a engrandecer el
certamen, pero los reglamentos exsten y habrá que
acatarlos. Sin embargo, ya en 1992, en La Plata había
participado un gran maestro paraguayo, quien tampoco
tenía derecho a jugar el torneo argentino". Nada de ética. Sólo conveniencias. Es probable que los amigos lectores me critiquen de
ingenuo al hacer planteos "éticos" en un
ámbito en que sólo vigen las "conveniencias".
Y tienen razón. Tomen nota los entrenadores, monitores y profesores de ajedrez. No sea cosa que ilusionen a sus pupilos, niños y adolescentes, diciéndoles que en el ajedrez argentino se pueden esforzar, estudiando y jugando torneos, porque hay una "carrera por recorrer", hay "etapas clasificatorias" que trasponer, hay metas a lograr... Tengan cuidado: porque la desilusión y el hastío pueden ser muy grandes. Julio Alberto González
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